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Liderar hoy: entre el poder, la influencia y el legado.

Por: LUZ ELENA JURADO, Directora de Administración, Finanzas y Seguros en Santander México.

Hay varias preguntas que surgen cuando hablamos de liderazgo:

¿Qué es? ¿Para qué nos sirve? ¿Cuál es el mejor estilo de liderazgo? ¿Dónde se debe ejercer? ¿Cómo hacerlo de forma efectiva?

Es uno de los conceptos que más transformaciones ha tenido en los últimos años.

Si recordamos la época de nuestros abuelos o padres, liderar significaba dar órdenes, premiar los aciertos (a veces), castigar los errores e incluso, mientras más severo era el jefe o líder, mejor.

Hoy, este concepto está más alejado de la realidad de lo que imaginamos.

Nos hemos dado cuenta de que liderar no es solo dirigir a un grupo de personas ni enfocarnos únicamente en el logro de tareas para conseguir objetivos.

En la actualidad, el liderazgo es un concepto que se relaciona con:
 a) Desarrollo personal
 b) Empatía
 c) Inteligencia emocional
 d) Transformación

Antes, a cualquier persona con gente a cargo se le llamaba líder; de hecho, jefe y líder eran sinónimos. Ahora sabemos que existe una gran diferencia entre uno y otro.

Hoy por hoy existen líderes informales, no tienen un puesto de alta responsabilidad en el organigrama ni personas a cargo, pero el equipo los sigue, sus pares les consultan y los niveles más altos les confían proyectos importantes.

Esta transformación responde a la naturaleza humana: los objetivos y las metas no se logran sin el convencimiento y compromiso del equipo.

Pero ¿cómo lograrlo? No porque seamos la dueña del negocio, la Directora General o la coordinadora del área, podemos dar por sentado que el equipo nos es leal, nos apoya y nos comprende.

Por eso es clave definir y aceptar que parte de nuestro tiempo como líderes debemos invertirlo, sí en la estrategia del negocio, en la operación (a veces es inevitable), en la atención a clientes, pero sobre todo en desarrollar nuestra estrategia de liderazgo:

a) Desarrollo personal y profesional
 

Como líderes, debemos identificar no solo los conocimientos técnicos que necesita nuestro equipo, sino también las habilidades blandas que les permiten crecer como personas, ser mejores integrantes de equipo (team players) y alcanzar los objetivos.

La capacitación no es un gasto, es una inversión que el equipo necesita no solo para cumplir objetivos, sino también para fortalecer el sentido de pertenencia.

Cuántas personas con talento y buenos resultados dejan las empresas por no contar con este tipo de incentivos.

El salario y los bonos son importantes, pero las personas también buscan propósito, profundamente ligado a su desarrollo personal y profesional.

Una de las experiencias más satisfactorias que he tenido como líder fue cuando uno de mis directores, a quien integré a un programa de coaching, me dijo que estaba agradecido porque no solo mejoró en el trabajo, sino también en la relación con su hijo de 8 años.

No solo él estaba motivado a continuar en la empresa, su entorno familiar también percibió ese impacto.

b) Empatía
 Es un concepto del que se habla mucho, pero ¿realmente lo comprendemos?

¿Tenemos sesgos cuando decimos que la aplicamos?

Ser empático no es solo entender la perspectiva de otro sin juzgar, también implica aprender de ella, ampliar nuestra visión y conectar mejor con equipos, pares y líderes.

c) Inteligencia emocional

Muchas veces llevamos discusiones laborales al plano personal, cargando frustración a la casa, a las vacaciones o al fin de semana; incluso nuestra familia lo percibe de inmediato.

Aquí hay algo que podemos observar en otros: terminan una discusión, no necesariamente llegan a un acuerdo, pero logran soltarla y continuar, incluso compartiendo después un momento distendido.

Esa capacidad de separar, procesar y soltar forma parte de la inteligencia emocional que necesitamos fortalecer para evitar sesgos que pueden afectar nuestro posicionamiento como líderes.

d) Transformación

El líder de antes gestionaba, aseguraba eficiencia y control en los procesos.

El líder actual impulsa la transformación del negocio, se asegura de que evolucione, cuestiona el modelo y lo lleva más allá de la operación.

“La gestión se refleja en los resultados del trimestre.
 La transformación se refleja en la capacidad del equipo para sostener y escalar esos resultados en el tiempo.”

Dejar de ser un follower para convertirse en referencia, en un modelo a seguir.

En mi experiencia en Argentina, cuestioné el modelo de negocio al cobrar en pesos cuando sabíamos que se devaluaba más del 20% mensual, con una inflación también muy elevada.

Todas las empresas cotizábamos en USD pero cobrábamos en pesos, lo que hacía que nuestras utilidades perdieran valor constantemente.

Mi decisión fue dolarizar el negocio, cotizar y cobrar en dólares. Nadie lo había hecho antes, distribuidores y parte del equipo directivo estaban en contra, pero era la forma de sostener la operación.

Fuimos los primeros en hacerlo y, tres meses después, las demás marcas siguieron el mismo camino. El modelo continúa hasta hoy.

“Por eso es importante recordar que al final, gestionar mantiene el negocio en movimiento…
 …pero transformar asegura que sigas siendo competitivo en un entorno que no deja de cambiar.”

En resumen, ser líder no es solo alcanzar objetivos presentes, es asegurar la trascendencia del negocio en el largo plazo, con un equipo comprometido e inspirado por cada de una de nosotras.

Porque no se trata de llegar solas, se trata de hacerlo acompañadas y de la manera más fluida posible.

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