Por: Martha Ruiz / Directora Editorial / Eje Femenino
Las habilidades del futuro ya no son un tema reservado para especialistas en tecnología. También tienen que ver con nuestra forma de trabajar, aprender y desarrollar una carrera profesional. Durante mucho tiempo, pensar en nuestra preparación profesional significaba mirar hacia adelante con cierta claridad…
Pero esa lógica está cambiando. La velocidad con la que aparecen nuevas tecnologías y se transforman las formas de trabajar hace que ya no sea suficiente preguntarnos qué necesitamos aprender para hacer mejor nuestro trabajo actual.
La pregunta empieza a ser otra:
No podemos saber exactamente cómo será ese trabajo. Pero sí podemos observar hacia dónde están cambiando las organizaciones y qué capacidades están adquiriendo mayor importancia. Y eso nos permite prepararnos antes de que el cambio nos alcance.
El trabajo está cambiando más rápido
Durante mucho tiempo, una tecnología podía tardar décadas en difundirse de manera amplia. El teléfono fijo, por ejemplo, tardó muchos años en extenderse internacionalmente. El automóvil también necesitó décadas para llegar a distintos mercados. Hoy la velocidad es diferente. Mientras algunas tecnologías del pasado tardaron décadas en difundirse, la inteligencia artificial generativa comenzó a expandirse con una velocidad inédita, como ocurrió con herramientas como ChatGPT.
Esto cambia algo fundamental. Antes podíamos tener años para adaptarnos. Hoy, en algunos casos, tenemos meses o incluso días.
Por eso la capacidad de aprender y adaptarnos continuamente está adquiriendo un valor profesional cada vez mayor. No solamente necesitamos conocimientos para hacer nuestro trabajo; necesitamos también la capacidad de actualizar esos conocimientos cuando el entorno cambia.
Ya no basta con ser buena en una sola cosa
Durante años construimos nuestra carrera alrededor de una especialidad. Si trabajábamos en finanzas, profundizábamos en finanzas. Si estábamos en operaciones, acumulábamos conocimiento sobre procesos y producción.
La especialización sigue siendo importante. Lo que está cambiando es lo que necesitamos agregarle.
Cada vez resulta más necesario combinar nuestro conocimiento profesional con capacidades tecnológicas y humanas. Podemos resumirlo en una ecuación sencilla:
analítico + tecnológico + humano.
A esta combinación podemos llamarla un perfil híbrido. Pero tener un perfil híbrido no significa saber de todo. Tampoco significa convertirnos en especialistas en varias profesiones al mismo tiempo. Significa ser capaces de combinar diferentes capacidades para resolver problemas en un entorno que también está cambiando.
Y aquí aparece una pregunta mucho más importante que cualquier lista de habilidades:
¿Qué combinación necesito yo?
Antes de aprender, necesitas saber qué necesitas aprender
Hablar de las habilidades que exige el trabajo que viene puede llevarnos fácilmente a una conclusión equivocada: que tenemos que aprenderlo todo. No es así.
Antes de elegir un curso, una certificación o una nueva herramienta, necesitamos detenernos y mirarnos con honestidad.
¿Qué sé hacer realmente bien? ¿Qué hago porque tengo experiencia y qué hago simplemente porque llevo muchos años haciéndolo? ¿En cuáles actividades aporto más valor? ¿Dónde necesito ayuda? ¿Y qué capacidades me hacen falta para llegar al siguiente lugar al que quiero ir?
Ese ejercicio de autoconocimiento es el verdadero punto de partida. Porque no todas necesitamos aprender lo mismo.
Construye tu perfil híbrido
Una manera sencilla de comenzar es revisar nuestras capacidades desde tres dimensiones: técnica, tecnológica y humana.
| Dimensión | Pregúntate | Lo que ya tengo | Lo que necesito desarrollar |
|---|---|---|---|
| Técnica | ¿Qué sé hacer de mi profesión o especialidad? | ||
| Tecnológica | ¿Qué herramientas necesito conocer para hacer mejor mi trabajo? | ||
| Humana | ¿Qué capacidades necesito para comunicar, negociar, liderar, colaborar y tomar decisiones? |
No necesitamos llenar la última columna con una larga lista. El objetivo es identificar aquellas capacidades que realmente pueden hacer una diferencia en nuestra siguiente etapa profesional. Una mujer puede tener una gran fortaleza técnica y necesitar desarrollar sus capacidades de liderazgo. Otra puede ser excelente dirigiendo personas y necesitar actualizar sus conocimientos tecnológicos. Otra puede dominar herramientas digitales y descubrir que necesita fortalecer su capacidad para negociar o comunicar sus ideas.
No hay un perfil correcto. Hay un perfil que necesitamos conocer.
El autoconocimiento también es una herramienta profesional
Quizá esta sea la parte que menos relacionamos con el futuro del trabajo. Cuando hablamos de prepararnos para los cambios tecnológicos, solemos mirar hacia afuera: qué herramientas aparecen, qué profesiones están cambiando y qué habilidades buscan las empresas.
Pero también necesitamos mirar hacia adentro. Conocer nuestras fortalezas nos permite saber qué debemos conservar. Reconocer nuestras brechas nos ayuda a decidir dónde vale la pena invertir nuestro tiempo. Entender nuestros intereses puede ayudarnos a elegir un camino que realmente queramos recorrer.
Y esto es especialmente importante cuando tenemos una trayectoria larga. La experiencia puede darnos mucha información sobre lo que hacemos bien, pero también puede hacer que dejemos de preguntarnos qué queremos hacer después. También vale la pena revisar si algunas de las fortalezas que nos han ayudado a avanzar se han convertido, sin darnos cuenta, en límites para nuestra siguiente etapa. En «Liderazgo femenino: El síndrome de la buena alumna» reflexionamos precisamente sobre esa tensión entre las fortalezas que construimos y aquello que necesitamos atrevernos a cuestionar.
Por eso el desarrollo profesional no debería comenzar con la pregunta “¿qué curso tomo?”, sino con otra más personal:
¿Hacia dónde quiero llevar mi carrera y qué necesito desarrollar para llegar ahí?
Las habilidades del futuro que están ganando importancia
Una vez que conocemos nuestro punto de partida, podemos mirar hacia afuera.
El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum señala que, hacia 2030, una parte importante de las habilidades que hoy se consideran esenciales cambiará, mientras que algunas capacidades adquirirán mayor relevancia. Entre las que se espera que crezcan con mayor rapidez están la inteligencia artificial y Big Data, las redes y ciberseguridad, la alfabetización tecnológica, el pensamiento creativo, la resiliencia, flexibilidad y agilidad, la curiosidad y aprendizaje continuo, el liderazgo e influencia social y el pensamiento analítico.
No necesitamos memorizar esta lista. Lo importante es observar lo que hay detrás de ella: las habilidades técnicas y tecnológicas están creciendo, pero también lo hacen las capacidades que nos permiten pensar, adaptarnos, crear, relacionarnos y tomar decisiones. Por eso el perfil híbrido tiene sentido.
¿Qué está cambiando en tu propio trabajo?
Después de conocer nuestras fortalezas y observar las capacidades que están ganando importancia, podemos hacer un ejercicio mucho más concreto.
Miremos nuestro trabajo actual. No solamente el nombre del puesto, sino las actividades que realmente realizamos durante una semana.
¿Qué hacemos de manera repetitiva? ¿Qué actividades requieren nuestro criterio? ¿Qué tareas consumen más tiempo? ¿Cuáles podrían automatizarse? ¿Qué herramientas nuevas podrían modificar la manera en que las hacemos?
Y, sobre todo, ¿qué parte de nuestro trabajo seguirá necesitando nuestro conocimiento y nuestra capacidad de decisión aunque cambien las herramientas?
Las respuestas pueden ayudarnos a identificar dónde debemos poner nuestra atención.
Quizá no necesitemos aprender una nueva profesión. Tal vez necesitamos aprender a utilizar mejor los datos que ya tenemos. Quizá no necesitemos convertirnos en especialistas en inteligencia artificial. Tal vez necesitamos entender cómo utilizarla en algunas de nuestras actividades. En «La inteligencia artificial llegó. ¿Y ahora qué sigue para nosotras?» exploramos precisamente cómo podemos empezar a incorporar esta tecnología desde una perspectiva profesional.
Quizá nuestro siguiente paso no requiera más conocimiento técnico, sino mejores capacidades para dirigir personas, negociar o comunicar nuestras ideas.
También podemos observar qué herramientas pueden ayudarnos a trabajar de otra manera y ampliar nuestras capacidades. En «Herramientas digitales que potencian el desarrollo profesional» reunimos algunas opciones que pueden facilitar esa transición.
La clave está en identificar la combinación que necesitamos.
De tu mapa a tu plan
Una vez que tenemos claro dónde estamos y qué necesitamos desarrollar, podemos dar un segundo paso: convertir ese diagnóstico en un plan.
| Mi siguiente paso profesional | ¿Qué capacidad necesito fortalecer? | ¿Cómo puedo desarrollarla? | ¿En cuánto tiempo? |
|---|---|---|---|
La primera columna nos obliga a pensar hacia dónde queremos ir. La segunda nos ayuda a identificar qué nos falta para acercarnos a ese objetivo. La tercera convierte una intención en una acción concreta y la última nos ayuda a darle un plazo.
No es necesario llenar las tres filas. Una sola capacidad bien elegida y trabajada puede ser más valiosa que una lista de diez cursos que nunca terminamos.
Y quizá esta sea una de las mayores ventajas de conocernos profesionalmente: podemos decidir mejor dónde poner nuestro tiempo y nuestra energía.
No necesitas aprenderlo todo
Esta parte es especialmente importante. Hablar de nuevas habilidades puede convertirse fácilmente en otra fuente de presión: otro curso, otra certificación, otra herramienta y otra cosa que deberíamos saber. Y no se trata de eso.
No necesitamos convertirnos en expertas en inteligencia artificial, análisis de datos, liderazgo, creatividad, comunicación y todas las demás habilidades al mismo tiempo.
Necesitamos identificar cuáles son relevantes para nuestro siguiente paso.
Si queremos crecer hacia una posición directiva, probablemente necesitaremos capacidades diferentes a las de alguien que quiere emprender. Si queremos permanecer en una especialidad técnica, nuestra combinación será distinta a la de alguien que quiere pasar a una posición comercial.
La pregunta no es:
¿Qué debería aprender porque todo el mundo está hablando de ello?
La pregunta es:
¿Qué necesito aprender para aumentar mi capacidad de aportar valor en el camino profesional que quiero construir?
Prepararnos antes de que sea urgente
Una de las ventajas de pensar en los próximos tres años es que no tenemos que esperar a que el cambio llegue para empezar a reaccionar.
Podemos aprender antes. Podemos probar una herramienta mientras todavía tenemos tiempo para equivocarnos. Podemos desarrollar una habilidad antes de necesitarla para conseguir una posición y construir nuestra propia ruta de aprendizaje de acuerdo con lo que queremos alcanzar. En «Mujeres autodidactas: el poder de aprender a tu manera» hablamos precisamente de cómo tomar el aprendizaje profesional en nuestras propias manos.
También podemos observar nuestra propia industria y preguntarnos:
¿Qué capacidades tendrán más valor cuando este sector haya cambiado?
La respuesta probablemente no será la misma para todas. Pero hacernos la pregunta ya es una forma de empezar a prepararnos.
Hay una razón adicional por la que considero importante hablar de estas capacidades desde la perspectiva de las mujeres. Desarrollarlas no debería tener como único objetivo ayudarnos a conservar nuestro empleo o adaptarnos a los cambios que otros deciden. También debería permitirnos participar en las conversaciones donde se decide hacia dónde va ese cambio.
No se trata solamente de aprender tecnología para utilizarla. Se trata de comprenderla lo suficiente para poder opinar sobre cómo puede transformar nuestro trabajo. No se trata solamente de desarrollar liderazgo para dirigir mejor un equipo. También se trata de estar preparadas para participar en decisiones estratégicas. No se trata solamente de aprender a adaptarnos. Se trata de tener las capacidades necesarias para ayudar a definir lo que viene.
El trabajo que tendrás dentro de tres años empieza a construirse hoy
Tal vez dentro de tres años nuestro puesto tenga otro nombre. Quizá algunas de las actividades que hoy ocupan buena parte de nuestro tiempo ya no existan de la misma manera. Es posible que aparezcan responsabilidades que todavía no están en ninguna descripción de puesto.
No podemos conocer todas esas respuestas. Pero sí podemos prepararnos.
Podemos mantener nuestra especialidad mientras desarrollamos nuevas capacidades. Podemos aprender a utilizar la tecnología sin dejar de fortalecer aquello que nos hace humanas. Podemos desarrollar pensamiento analítico sin perder creatividad y aprender nuevas herramientas sin dejar de hacer preguntas.
Y, sobre todo, podemos empezar por conocernos mejor.
Porque prepararnos para el futuro no significa convertirnos en alguien diferente. Significa entender quiénes somos profesionalmente, reconocer nuestras fortalezas, identificar nuestras brechas y decidir conscientemente qué necesitamos desarrollar.
Quizá la pregunta más útil para empezar no sea qué curso vamos a tomar este mes.
Sea esta:
El trabajo del futuro no necesariamente será para quien sepa más de una sola cosa. Puede ser para quien sepa combinar mejor lo que sabe, lo que puede aprender y la tecnología que tiene a su alcance.
Y, sobre todo, para quien esté preparada no solamente para adaptarse al cambio, sino para participar en las decisiones que definirán hacia dónde va.
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