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Violencia laboral: lo que normalizamos

Por: Martha Ruiz, Directora editorial, Eje Femenino

¿Cuántas veces has salido de una reunión sintiéndote invisible y te has dicho a ti misma “así son las cosas”?

Esa frase —tan pequeña, tan cotidiana— es exactamente donde empieza el problema. No en los grandes escándalos que salen en los noticieros. No en los casos extremos que todos condenan. Empieza ahí, en ese momento en que decidimos que lo que nos incomoda no merece nombrarse.

Y yo te pregunto: ¿y si sí merece?


Violencia simbólica

El chiste que no tiene gracia

Todas hemos estado en esa sala. El compañero que hace el comentario de que “las mujeres son más detallistas para las presentaciones” mientras los hombres “se encargan de los números importantes.” Alguien ríe. Nadie dice nada. Tú tampoco — porque no quieres ser “la conflictiva.”

Eso tiene nombre: violencia simbólica. No golpea, no grita, no deja huella visible. Pero va instalando, poco a poco, la idea de que hay tareas de hombres y tareas de mujeres. Que hay un techo. Que tu lugar está definido antes de que abras la boca.

El violentómetro laboral — una herramienta de la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México — lo pone en el nivel más bajo de la escala: bromas hirientes, agresión verbal, ridiculizar. Nivel bajo no significa inofensivo. Significa que es el inicio de algo que puede escalar si nadie lo detiene.

Nivel bajo no significa inofensivo. Significa que es el inicio de algo que puede escalar si nadie lo detiene.


Acoso

El susurro que “era un cumplido”

Te lo han dicho de mil formas: “tómatelo como un halago”, “no seas tan seria”, “es que eres muy sensible.”

Cuando alguien te hace un comentario sobre tu cuerpo en el trabajo — tu ropa, tu figura, cómo te ves hoy — no es un cumplido. Es una invasión del espacio profesional que te recuerda, en voz baja, que antes que colega eres mujer. Y que tu apariencia está disponible para ser evaluada.

Lo incómodo no está en ti. Está en el comentario.


Violencia psicológica

El correo que nunca llegó

Tu propuesta. Tu idea. El proyecto que trabajaste durante semanas. Tu jefe lo discute con otro colega sin mencionarte. No es olvido — es un patrón. Y los patrones, a diferencia de los incidentes, son los que realmente erosionan la confianza y el desempeño.

A esto se le llama exclusión sistemática, y es una forma de violencia psicológica en el trabajo. No necesita gritos ni insultos. Basta con ignorar, omitir, no convocar, no reconocer. Con el tiempo, muchas mujeres empiezan a dudar de sus propias capacidades. Eso es exactamente lo que produce.

Y tiene un costo enorme — no solo para ti, sino para la empresa que no sabe que está perdiendo su mejor talento de a poco, todos los días.


Normalización

¿Por qué lo normalizamos?

Porque nos enseñaron que el conflicto es peligroso. Porque en muchos entornos laborales, la mujer que señala es “la difícil.” Porque los mecanismos de reporte existen en papel pero no en la práctica. Porque cuando alguien se quejó antes, no pasó nada.

Pero normalizar no es lo mismo que aceptar. Podemos reconocer que algo existe sin decidir que así tiene que seguir siendo.

El primer paso es nombrar lo que pasa. No minimizarlo, no encontrarle justificación, no esperar a que sea “suficientemente grave.” Nombrarlo.

Porque lo que no se nombra, no se puede cambiar.


Acción

Lo que sí puedes hacer hoy

Conoce el violentómetro laboral. Búscalo, guárdalo, compártelo con tus colegas. No para buscar culpables, sino para tener un lenguaje común que permita identificar lo que muchas veces sentimos pero no sabemos cómo describir.

Documenta. Si algo te incomoda en el trabajo, escríbelo: fecha, lugar, qué pasó, quién estaba. No para ir a guerra — sino para no depender solo de tu memoria cuando llegue el momento de hablar.

Habla con otra mujer de tu equipo. Las dinámicas que percibes, probablemente ella también las percibe. La conversación entre pares es donde empieza la conciencia colectiva. Fortalecer el liderazgo femenino también implica construir espacios donde estas conductas dejen de normalizarse.

Y date permiso de no minimizarte. Lo que sientes tiene validez antes de que alguien más lo confirme.

Hay entornos laborales que se pueden transformar. Pero primero necesitamos dejar de decirles “así son las cosas.”

Sobre la autora:

Martha Ruiz es directora editorial de Eje Femenino, profesional en la industria automotriz y promotora de espacios de liderazgo femenino, networking y reflexión contemporánea.

Martha Ruiz
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