Por Martha Ruiz, Directora Editorial, Eje Femenino
Las mujeres no solo trabajan. También recuerdan, organizan, sostienen y cuidan. Este artículo explora la carga mental, la economía del cuidado y el agotamiento invisible que viven millones de mujeres dentro y fuera del trabajo.
Cuando el trabajo no termina
Hace unos días, durante una sesión del diplomado que estoy cursando, surgió una conversación que parecía sencilla: hablábamos de gestión del tiempo, de agendas, de productividad. Cómo organizamos nuestras actividades fuera del trabajo. Qué hacemos cuando termina la jornada.
Algunos compañeros contaban que iban al gimnasio, descansaban, estudiaban algo por gusto, simplemente se desconectaban. Lo decían con naturalidad. Como si fuera lo más normal del mundo.
Y lo es. Para ellos.
Pero mientras escuchaba, algo se fue instalando en mí con mucha claridad: las mujeres en esa sala describíamos algo radicalmente distinto. Para muchas de nosotras, el trabajo no termina. Simplemente cambia de forma.
En mi caso, después de cumplir con mis responsabilidades profesionales – a veces intercalándolas -, comienzan otras: viajes de trabajo, Eje Femenino, la Gaceta Mujeres ARIDRA, la coordinación del Comité de Mujeres y sus eventos, el diplomado, un curso sobre violencia de género en las empresas, seis perros —dos de ellos con 16 y 18 años de vida, que tienen sus propias necesidades cotidianas—, un gato, y una lista interminable de pendientes que jamás aparecen en ninguna agenda formal.
No lo digo desde la queja. La mayoría de esos proyectos los elegí. Me apasionan, me retan, me dan sentido. Pero incluso en mi caso —donde hay elección— la acumulación es real. Y el agotamiento, también.
El tiempo que muchas mujeres nunca pueden elegir
Sin embargo, hay algo que necesito decir con claridad, porque si no lo digo, este texto estaría incompleto.
Yo tengo el privilegio de hablar de proyectos que elegí. Pero hay miles de mujeres que no es que no quieran tener un proyecto propio, un curso, un hobby, algo que sea solo para ellas. Es que humanamente el tiempo no les alcanza. No porque sean menos capaces o menos ambiciosas. Sino porque su tiempo está ocupado antes de que pudieran decidir qué hacer con él.
Pienso en una mujer que conozco —como tantas otras— que trabaja sus ocho horas, recoge a sus hijos, prepara la cena, revisa tareas escolares, baña a su madre enferma y tiende la ropa pasadas las once de la noche. Se despierta a las cinco para que el día les alcance a todos. Cuando alguien le pregunta qué hace para ella, sonríe y dice que no le falta nada. Porque aprendió, como tantas, que poner nombre a lo que falta se parece demasiado a quejarse.
No hay margen para un diplomado en esa vida. No hay margen para el gimnasio ni para leer un libro ni para quedarse quieta sin que eso signifique que algo está dejando de hacerse.
El mito de la mujer multitask
Y sin embargo, a esa misma mujer probablemente alguien le ha dicho —con admiración, incluso con envidia— que es una mujer multitask. Que tiene una capacidad extraordinaria para hacer varias cosas al mismo tiempo. Que cómo le alcanza para todo.
Lo dice con orgullo, lo recibe con orgullo – confieso que yo también lo hacía -. Y entiendo por qué: en un mundo que no le dejó más opción, el orgullo es una forma de sobrevivir con dignidad.
Pero yo me pregunto si no hemos convertido ese término en un eufemismo muy cómodo. Porque llamarle multitask a cargar con responsabilidades que deberían distribuirse entre varias personas —o entre toda una estructura social— es, de alguna manera, romantizar lo que en realidad es una injusticia. Es aplaudir la adaptación en lugar de cuestionar la causa. Es admirar cuánto aguanta una mujer en lugar de preguntarnos por qué tiene que aguantar tanto.
La culpa disfrazada de autocuidado
El bienestar personal se ha puesto de moda. Hay podcasts, libros, rutinas matutinas, retiros de meditación y coaches de vida dedicados a enseñarle a las mujeres cómo encontrar tiempo para sí mismas.
Y si una mujer dice que no puede, que no le alcanza, que está agotada, a veces la respuesta es que no se está priorizando lo suficiente. Que tiene que aprender a poner límites. Que el autocuidado es una decisión.
Como si el problema fuera de actitud. Como si hubiera tiempo esperando ahí, escondido, y ella simplemente no supiera encontrarlo.
No. Para muchas mujeres no hay tiempo escondido. Hay un sistema que consume todo el tiempo disponible y encima les cobra no haber encontrado espacio para el yoga.
No es que no quieran. Es que su tiempo ya no les pertenece.
La carga mental que nunca se apaga
A eso se suma lo que las psicólogas y sociólogas llaman carga mental: el trabajo invisible de recordar, planificar, anticipar y coordinar.
¿Hay medicamento del niño? ¿Ya se pagó la renta? ¿El adulto mayor tiene cita el jueves? ¿Quién recoge a los hijos?
Esa gestión cognitiva constante no para cuando se abre el correo laboral. Corre en paralelo, siempre, como una pestaña que nunca se cierra.
La economía del cuidado: el trabajo invisible que sostiene al mundo
Y no es solo agotamiento. Es trabajo. Trabajo que alguien contabilizó.
El INEGI estima que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale a más del 22% del PIB nacional. Y lo realizan principalmente mujeres. No es un dato menor: es la dimensión económica de algo que hemos tratado durante generaciones como si fuera simplemente “lo que hacen las mujeres”.
Ese número tiene un nombre que vale la pena conocer.
Hay un concepto que desde hace décadas estudian las economistas feministas: la economía del cuidado. Ese conjunto de tareas —cocinar, limpiar, criar, acompañar, sostener— que mantiene funcional a la sociedad, y que no genera prestaciones, no construye pensión y no tiene horario de salida.
Y que recae de manera desproporcionada sobre las mujeres, con independencia de si también tienen un empleo fuera de casa.
Y el rol de cuidadora rara vez se elige libremente. Simplemente aparece. Se asume. Se deposita. Como si cuidar fuera una extensión automática y obligatoria de ser mujer.
El verdadero problema no es que puedan con todo
“Tal vez el problema no es que las mujeres puedan con todo. Es que se ha construido un sistema que depende de que puedan.”
Por eso hablar de gestión del tiempo sin hablar de esta realidad es hablar desde un lugar de privilegio, aunque no lo parezca. Porque no todas las agendas parten del mismo punto.
Unas incluyen tiempo para el descanso, para crecer, para elegir. Otras incluyen personas que dependen completamente de ti, y esa dependencia no negocia ni espera.
Cuando el tiempo deja de pertenecerte
Hemos admirado eso durante generaciones. La mujer que puede con todo. La que nunca se quiebra. La que sostiene a su familia, cumple en el trabajo y todavía sonríe.
Hemos romantizado esa imagen hasta convertirla en expectativa. Y luego nos preguntamos por qué tantas mujeres llegan al agotamiento sin que nadie lo haya visto venir.
Que puedan no quiere decir que deba ser así. Ni que sea justo. Ni que no duela.
El verdadero avance no está en admirar cuánto soportan las mujeres. Está en preguntarnos, como sociedad, por qué siguen soportándolo solas. En redistribuir las cargas dentro de los hogares. En políticas públicas que reconozcan y remuneren el trabajo de cuidados. En empresas que entiendan que una empleada no llega al trabajo con la mente en blanco, sino con horas de gestión invisible ya acumuladas.
Está en que las mujeres podamos descansar, delegar y pedir apoyo sin sentir que estamos fallando a alguien.
Porque muchas veces el problema no es falta de capacidad. Es que el tiempo de demasiadas mujeres lleva años perteneciendo a todos menos a ellas.
Y quizá la pregunta que más nos debería incomodar no es cuántas cosas logra hacer una mujer en un día. Sino cuándo decidimos, como sociedad, que su tiempo también le pertenece a ella.
Fuentes consultadas: INEGI, Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México. Concepto de “carga mental” desarrollado por Monique Haicault y retomado posteriormente por Emma Clit. Economía del cuidado: aportaciones de Diane Elson y Nancy

Martha Ruiz es directora editorial de Eje Femenino, profesional en la industria automotriz y promotora de espacios de liderazgo femenino, networking y reflexión contemporánea.
https://www.linkedin.com/in/martharuizg

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