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De poder con todo a querer volver atrás y ceder la voz

Libertad de elección y mujeres frente a los roles tradicionales

Por: Astrid Sotomayor Gerente de Mercadotecnia / Grupo De La Rosa

Hemos pasado décadas conquistando derechos y abriendo posibilidades. Pero hoy aparece una pregunta incómoda: ¿qué significa realmente elegir cuando algunas mujeres están eligiendo regresar a roles que otras lucharon por transformar?

La libertad de elección debería permitirnos decidir cómo queremos vivir, trabajar y construir nuestra vida. ¿Quién iba a imaginar que, en este siglo, en este año, estaríamos volviendo a hablar sobre el papel de la mujer reducido al hogar?

Tanto poder femenino conquistado, tantos peldaños que creímos haber subido, tantos techos de cristal que rompieron otras mujeres por nosotras. Y aunque sabemos que estamos muy lejos de alcanzar la igualdad real, hoy vemos cómo algunas están eligiendo, voluntariamente, regresar a donde estuvimos encerradas.

Todo eso que logramos se reduce ahora por mujeres que están en contra de esos derechos. ¿Están ellas también en su derecho a manifestar un ideal, aunque sea contrario a lo ganado?

Esa es la pregunta incómoda que nadie quiere hacer.

Libertad de elección: ¿qué significa realmente elegir?

¿Quién anticipó que pertenecer a la fuerza laboral significaba ejercer una doble función? Ser profesionistas impecables durante el día y amas de casa perfectas durante la noche. Ser productivas y ser maternales. Ser fuertes y ser suaves. Todo a la vez.

Durante años, durante siglos, tuvimos que demostrar nuestro valor como mujeres, un valor que durante mucho tiempo nos redujo a simples objetos.

Entramos a las universidades, a las juntas directivas, a la política.

¿Y cuál fue el precio? El agotamiento.

La conversación sobre agotamiento profesional también permite entender por qué algunas mujeres sienten que la promesa de “poder con todo” terminó convirtiéndose en una carga. No se trata solamente de trabajar fuera de casa, sino de sumar responsabilidades profesionales, familiares y personales sin que necesariamente existan las condiciones para sostenerlas.

Por eso duele y a la vez se entiende el fenómeno Tradwife que hoy tiene una presencia importante en redes sociales como TikTok. Mujeres jóvenes, muchas en sus 20s y 30s, que dicen: “yo ya no quiero esto, yo quiero que me mantengan, yo quiero quedarme en casa a hacer pan de masa madre y cuidar a mis niños”.

No es que extrañen los años 50 que no vivieron. Es que están exhaustas de un sistema que les dijo “puedes tenerlo todo” pero nunca les dio las herramientas para sostenerlo.

Esta sensación de carga tampoco es nueva. En Eje Femenino hemos hablado de la agenda invisible que muchas mujeres llevan todos los días, incluso cuando ese trabajo no siempre es reconocido como tal.

Cuando el regreso deja de ser una elección individual

Y aquí es donde se vuelve peligroso. El riesgo está en que algunas de esas mujeres ya no sólo quieren quedarse en casa, sino que algunas voces dentro de estos movimientos están dispuestas a cuestionar incluso derechos políticos conquistados. En los casos más extremos, existen personas que promueven la eliminación del sufragio femenino y modelos en los que las decisiones políticas correspondan al hombre como jefe del hogar.

No es una exageración. En Estados Unidos existe actualmente un movimiento, todavía minoritario, que busca derogar la Enmienda 19, que fue ratificada en 1920 y establece que el derecho al voto no puede ser negado o limitado por razón de sexo.

La Constitución de Estados Unidos reconoce esta protección en su texto.

Personajes como el pastor Dale Partridge, de Arizona, han defendido públicamente la idea de derogar la Enmienda 19. En marzo de 2026 anunció que trabaja en un libro titulado 19 Reasons to Repeal the 19th Amendment y afirmó que busca impulsar su derogación en la próxima década.

Otros, como Doug Wilson, también han defendido públicamente la derogación de la Enmienda 19 y han planteado modelos en los que el hombre, como jefe del hogar, representa a su familia en las urnas.

Esta idea tampoco nació hoy. El hashtag #RepealThe19th comenzó a circular en 2016, después de que se difundieran mapas electorales que mostraban cómo habría cambiado la elección presidencial estadounidense si solamente hubieran votado hombres o mujeres. La etiqueta mezcló provocación, memes y posturas reales contra el sufragio femenino, y generó una fuerte reacción pública.

Hoy vuelve a aparecer con más fuerza en algunos sectores conservadores de Estados Unidos. Y aunque no existe una iniciativa legislativa seria que esté a punto de eliminar la Enmienda 19, sí existen personas con audiencia pública que defienden ideas de este tipo.

¿Quién nos hizo tanto daño para llegar a ello?

¿Quién nos hizo tanto daño para llegar a ello? ¿Quién y por qué hizo pensar que quitar el voto a la mujer es una buena idea?

¿Dónde están esos mismos que nos dijeron que si no podíamos con todo, era nuestra culpa? Nos vendieron la igualdad sin apoyo real para ejercerla. Y ahora, algunos quieren vendernos que la solución es quitarnos hasta el derecho a decidir.

No quiero que me digan qué debo elegir. Quiero tener la libertad de elegir.

La utopía de la igualdad de género se convirtió, para un grupo de mujeres, en lo contrario a lo que querían aspirar. No quieren la igualdad que significa trabajar doble. Quieren elegir.

¿Elegir lo tradicional también es una forma de libertad?

Y ahí está la clave: el verdadero poder femenino nunca fue obligarnos a todas a ser ejecutivas. El verdadero poder es tener la opción de elegir sin que nos juzguen.

Si una mujer quiere volver al rol tradicional donde el hombre es el proveedor y ella se queda en casa, ¿es menos feminista? Si otra quiere no tener hijos y dirigir una empresa, ¿es menos mujer?

En Eje Femenino ya hemos hablado de cómo una mujer puede construir una vida plena sin seguir necesariamente el camino que otros esperan de ella. La maternidad puede ser una elección, pero no debería convertirse en una obligación para demostrar qué tan mujer somos.

Quizá el feminismo que viene no es el que nos dice qué tenemos que querer, sino el que nos defiende cualquiera que sea nuestra elección, siempre que sea nuestra.

Sin culpa. Sin tener que demostrarle nada a nadie. Y, sobre todo, sin entregar jamás el derecho que a tantas les costó la vida conquistar: nuestra voz y nuestro voto.

Elegir no significa renunciar a los derechos

Creo que aquí está una diferencia que vale la pena hacer.

Una mujer puede elegir dedicar su vida al hogar. Puede elegir ser madre y no desarrollar una carrera profesional. Puede elegir una vida tradicional. Y esa elección no debería convertirla automáticamente en enemiga de los derechos que otras mujeres conquistaron.

Porque poder elegir quedarse en casa también depende de que exista la posibilidad de salir de ella. Poder decidir que otra persona sea el principal proveedor depende de que esa decisión sea voluntaria y reversible. Y poder cuestionar el modelo profesional actual depende, precisamente, de conservar la libertad para cuestionarlo.

El problema no es que una mujer quiera vivir de una manera diferente.

El problema comienza cuando una elección personal pretende convertirse en una regla para todas las demás.

Ahí es donde la conversación deja de ser sobre libertad individual y empieza a ser sobre poder.

¿Qué queremos conservar?

Quizá después de tantas décadas de lucha necesitamos hacer una pregunta distinta.

No solamente qué queremos conquistar, sino qué queremos conservar.

Queremos conservar la posibilidad de estudiar, trabajar, emprender, votar, decidir sobre nuestra vida, tener hijos o no tenerlos, dirigir una empresa o elegir quedarnos en casa.

Queremos poder cambiar de opinión.

Queremos que una decisión tomada a los 25 años no determine obligatoriamente la vida que tendremos a los 45.

Y queremos que ninguna de esas decisiones dependa de que otra persona nos conceda permiso.

Tal vez eso es lo que deberíamos entender por libertad.

El verdadero poder no está en decirle a una mujer qué debe querer. Está en garantizar que pueda elegir y conservar siempre el derecho a hacerlo.

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Cada semana publicamos ideas, investigaciones y conversaciones para impulsar el liderazgo femenino.

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Astrid Sotomayor
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