En muchas organizaciones, las reuniones forman parte de la rutina directiva. Ahí se presentan resultados, se revisan indicadores, se discuten problemas y se definen los siguientes pasos. También son espacios donde se hace visible quién tiene información, quién puede expresar una opinión y quién participa en las decisiones que afectan el rumbo del negocio.
Por eso, recibir una invitación a una reunión relevante puede interpretarse como un reconocimiento. La persona convocada supone que su experiencia será útil, que sus observaciones serán consideradas y que tendrá oportunidad de contribuir. Pero la realidad no siempre corresponde con esa expectativa. A veces, la decisión ya está tomada antes de que comience la reunión; otras, las intervenciones se escuchan sin que tengan consecuencias en el resultado.
La diferencia parece sutil, pero no lo es. Una cosa es estar presente y otra formar parte del proceso mediante el cual una organización decide qué hacer, qué recursos asignar y qué riesgos asumir.
Cuando la reunión empieza antes de la reunión
En las empresas, algunas decisiones comienzan a construirse mucho antes de que aparezcan en la agenda formal. Se conversan en encuentros informales, llamadas telefónicas, mensajes o intercambios entre quienes mantienen una relación cercana y cotidiana. Cuando finalmente se convoca a una reunión para revisar el tema, las opciones ya pueden estar delimitadas y las posiciones principales, definidas.
Esto no significa necesariamente que exista una intención de excluir. En ocasiones, responde a la confianza entre quienes trabajan juntos desde hace tiempo, a la urgencia de resolver un asunto o a la costumbre de consultar primero a determinadas personas. Sin embargo, el resultado puede ser el mismo: algunas voces llegan a la conversación cuando todavía es posible cambiar el rumbo, mientras que otras se incorporan cuando solo queda revisar o comunicar lo decidido.
Pensemos en una empresa de refacciones automotrices que necesita revisar su estrategia comercial. El equipo analiza las ventas, los márgenes, la rotación del inventario y las condiciones que ofrece la competencia. La decisión final podría afectar los precios, la disponibilidad de producto y la relación con los clientes. Si las personas responsables de atender el mercado son convocadas únicamente para presentar resultados, pero no participan cuando se evalúan las alternativas, la empresa está desaprovechando información que podría modificar la estrategia.
Quienes mantienen contacto con los clientes suelen conocer señales que no aparecen de inmediato en los reportes: cambios en los hábitos de compra, objeciones recurrentes, presiones de precio o movimientos de los competidores. Su experiencia puede ayudar a identificar riesgos y oportunidades. Escucharla cuando la decisión ya está cerrada limita su utilidad.
La pregunta, entonces, no es solamente quién estuvo en la reunión. También importa cuándo fue incorporado al proceso y qué posibilidades tuvo de influir en el resultado.
Participar en las decisiones: más allá de ser escuchada
En el ámbito profesional solemos utilizar expresiones como participación, colaboración y trabajo en equipo. Sin embargo, estar en un espacio donde se intercambian opiniones no garantiza que todas las personas tengan la misma oportunidad de incidir en las decisiones.
Una persona puede hablar, presentar información y responder preguntas sin que sus argumentos se incorporen al análisis. También puede ocurrir que sus propuestas sean retomadas más adelante, sin que se reconozca su contribución, o que se le permita opinar únicamente sobre aspectos secundarios de un asunto que ya fue definido por otros.
La diferencia entre expresarse e influir es importante porque la participación profesional no debería medirse solo por el tiempo que alguien ocupa la palabra. Conviene observar si sus argumentos se consideran, si modifican la evaluación de las alternativas y si tiene acceso a la información necesaria para comprender el problema antes de que se tome una decisión.
Un estudio publicado en 2024 en la revista Frontiers in Psychology, basado en una muestra representativa de aproximadamente 10,500 personas en Suecia, examinó las experiencias de mujeres y hombres con la toma de decisiones participativa en el trabajo. Sus resultados muestran que las diferencias no son idénticas en todos los niveles: mientras que no encontraron una diferencia significativa entre mujeres y hombres respecto de la influencia en las decisiones inmediatas de su trabajo, sí observaron diferencias en la influencia percibida en el nivel organizacional. El hallazgo invita a distinguir entre autonomía en las tareas cotidianas y participación en las decisiones más amplias de una organización.
El estudio puede consultarse en este artículo de Frontiers in Psychology.
Para una empresa, esta distinción tiene consecuencias prácticas. Si los equipos pueden resolver asuntos operativos, pero no tienen espacios para aportar a las decisiones que afectan su trabajo, la organización podría estar utilizando solo una parte de su conocimiento. La participación no implica que todas las propuestas deban aceptarse, sino que exista un proceso en el que puedan analizarse con criterios claros.
El cargo no siempre determina la influencia
En el organigrama, las responsabilidades parecen estar claramente delimitadas. Cada puesto tiene funciones, autoridad y objetivos. En la práctica, sin embargo, la influencia también depende de factores menos visibles: la confianza que inspira una persona, su relación con quienes toman las decisiones, el acceso a información relevante y la posibilidad de intervenir antes de que las opciones se reduzcan.
Hay profesionales que ocupan posiciones directivas y tienen poca capacidad para modificar decisiones importantes. También hay personas sin un cargo de alta jerarquía cuya opinión pesa considerablemente porque conocen el negocio, han construido relaciones de confianza o poseen información que otros necesitan para decidir.
Esta diferencia no es necesariamente negativa. La experiencia y el conocimiento deben influir en las decisiones, aunque no siempre correspondan con el nivel jerárquico. El problema aparece cuando la influencia se concentra por costumbre en un grupo reducido y la organización deja de evaluar si las personas que participan son las que mejor pueden contribuir al análisis.
Una reunión bien conducida no elimina las diferencias de responsabilidad. Su propósito es que la autoridad formal y el conocimiento disponible puedan encontrarse. Quien dirige conserva la responsabilidad de decidir, pero necesita crear condiciones para conocer los argumentos relevantes, identificar desacuerdos y comprender las consecuencias de cada alternativa.
Esto exige algo más que preguntar al final si alguien tiene comentarios. Significa compartir la información con anticipación, explicar qué debe resolverse, aclarar qué aspectos están abiertos a discusión y distinguir entre una consulta genuina y una comunicación de decisiones ya tomadas.
¿Y dónde queda la experiencia de las mujeres?
Hablar de participación en las decisiones también obliga a observar cómo se distribuyen las oportunidades de influir dentro de los equipos. En particular, conviene preguntarse si la experiencia de las mujeres se incorpora de la misma manera que la de sus colegas, sin asumir de antemano que todas viven las mismas situaciones o que cualquier desacuerdo constituye una forma de discriminación.
En una organización pueden existir diferencias de acceso a las conversaciones informales, de reconocimiento profesional o de confianza en determinadas voces. También puede haber prácticas de dirección que afectan a todo el equipo, independientemente del género. Para distinguir entre estas situaciones se necesita observar los hechos: quién recibe información, a quién se consulta, qué argumentos se retoman, quién obtiene reconocimiento y quién participa en la definición de los criterios.
La investigación sobre la voz de las personas trabajadoras ha estudiado precisamente cómo las características individuales y el contexto organizacional influyen en la posibilidad de expresar opiniones y conseguir que sean consideradas. Un análisis multinivel publicado en el British Journal of Management en 2021 aborda la relación entre género y voz en el trabajo, y muestra la importancia de estudiar estas dinámicas considerando tanto a las personas como a los entornos en los que trabajan.
El artículo puede consultarse en British Journal of Management.
Para las mujeres que buscan crecer profesionalmente, reconocer estas dinámicas puede ayudar a tomar decisiones más informadas sobre su desarrollo, la forma de presentar sus propuestas y los espacios en los que conviene construir alianzas. Para quienes dirigen equipos, representa una oportunidad para revisar si las prácticas cotidianas permiten aprovechar el conocimiento de todas las personas.
La responsabilidad no debe recaer únicamente en quien intenta hacerse escuchar. Las organizaciones también tienen que revisar cómo se distribuyen las oportunidades de participar y qué mecanismos utilizan para valorar las aportaciones. Una cultura de trabajo no se define solamente por lo que declara en sus políticas, sino por lo que ocurre cuando alguien plantea una idea que cuestiona la forma habitual de hacer las cosas.
Cómo participar en las decisiones de una organización
Las organizaciones pueden comenzar con preguntas concretas. No se trata de convertir cada reunión en una asamblea ni de prolongar indefinidamente las discusiones. Se trata de distinguir cuáles decisiones requieren la experiencia de diferentes áreas y de diseñar un proceso que permita incorporarla a tiempo.
Antes de una reunión importante, conviene aclarar qué decisión debe tomarse, qué información se necesita y qué personas pueden aportar una perspectiva relevante. Durante la conversación, quien dirige puede solicitar argumentos, explorar desacuerdos y evitar que la jerarquía o la rapidez de una respuesta sustituyan el análisis. Después, resulta útil comunicar qué se decidió, por qué se eligió una alternativa y cómo se consideraron las aportaciones recibidas.
La participación también puede evaluarse a partir de sus resultados. ¿Las propuestas del equipo ayudaron a identificar un riesgo? ¿Se modificó un plan a partir de información operativa? ¿Se reconocieron las aportaciones de quienes contribuyeron? ¿Las personas entienden por qué se tomó una decisión, incluso cuando su propuesta no fue elegida?
Un experimento de campo publicado en Behavioural Public Policy estudió la participación en reuniones de grupos de trabajadores de fábricas en China. El trabajo reportó mejoras de productividad en los grupos que utilizaron un esquema participativo. El resultado es interesante, aunque debe interpretarse dentro de las condiciones específicas del experimento y no como una garantía de que cualquier reunión participativa producirá el mismo efecto en todas las empresas.
La investigación está disponible en Behavioural Public Policy.
La lección práctica no consiste en adoptar una fórmula única, sino en reconocer que la manera de organizar las conversaciones puede afectar la calidad de las decisiones. Cuando se establece con claridad qué se necesita resolver y se invita a contribuir a quienes conocen el problema, la reunión deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta de dirección.
Una reunión también revela cómo se dirige una organización
La forma en que se desarrollan las reuniones dice mucho más que la agenda del día. Muestra cómo se distribuye la información, qué conocimientos se consideran valiosos, cómo se manejan las diferencias y hasta qué punto la dirección está dispuesta a revisar sus propias ideas.
Una organización que convoca a las personas únicamente para informarles decisiones puede ser eficiente para comunicar instrucciones, pero no necesariamente para aprender de su experiencia. Por el contrario, una empresa que consulta todo sin establecer responsabilidades ni criterios puede convertir la participación en un proceso lento y poco productivo. El reto de la dirección consiste en encontrar un equilibrio: abrir la conversación donde aporta valor y mantener claridad sobre quién tiene la responsabilidad final.
Esto implica reconocer que participar no significa tener siempre la razón, conseguir que todas las propuestas sean aceptadas o compartir la autoridad en cada asunto. Significa contar con una oportunidad real de contribuir, entender los criterios de decisión y saber que la experiencia profesional será evaluada por su contenido.
También significa aceptar que una decisión bien fundamentada puede no coincidir con la opinión de todos. La calidad del proceso no se mide por la ausencia de desacuerdos, sino por la posibilidad de discutirlos con información, argumentos y respeto.
Estar en la mesa y formar parte de la decisión
En la vida profesional, estar presente puede abrir una puerta, pero no garantiza que podamos contribuir de manera significativa. La invitación es el inicio de una posibilidad, no la prueba de que existe una participación efectiva.
Para las personas que forman parte de un equipo, vale la pena observar en qué momento son convocadas, qué información reciben y qué sucede con sus propuestas. Para quienes dirigen, la pregunta es todavía más exigente: si están reuniendo a las personas que necesitan para tomar mejores decisiones o solamente a quienes acostumbran estar en la sala.
Las respuestas pueden ayudar a identificar oportunidades de mejora que no requieren grandes programas ni nuevas estructuras. A veces basta con revisar quién participa desde el inicio, qué preguntas se hacen, cómo se registran los acuerdos y de qué manera se explica la decisión final.
El propósito no es llenar las reuniones de participantes. Es asegurar que las decisiones importantes se construyan con el conocimiento necesario y que la presencia de una persona tenga un sentido más profundo que ocupar una silla.
Fuentes de consulta
- Women’s and men’s experiences with participative decision-making at workplace and organizational levels. Frontiers in Psychology, 2024.
- Having a voice in your group: Increasing productivity through group participation. Behavioural Public Policy.
- Gender Matters: A Multilevel Analysis of Gender and Voice at Work. British Journal of Management, 2021.
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