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La IA está creando oportunidades. El problema es quién accede a ellas

La IA está creando oportunidades. El problema es quién accede a ellas

Por Martha Ruiz | Directora Editorial, Eje Femenino

Hace unos días vi un video que no era, en apariencia, sobre inteligencia artificial.

Mostraba una planta de producción completamente automatizada: desde el procesamiento del algodón hasta el empaque final. Una línea continua, fluida, sin interrupciones. Sin manos humanas visibles en ningún punto del proceso.

Lo que sentí primero fue asombro. Después, algo más difícil de nombrar.

Fui a los comentarios. Cientos de personas aplaudiendo la tecnología, la precisión, la velocidad. Ninguna conectó lo que estaba viendo con la conversación que llevamos meses teniendo: que la inteligencia artificial va a transformar el mercado laboral de manera irreversible.

Y ahí entendí algo urgente: no estamos hablando de lo que va a pasar. Estamos describiendo lo que ya pasó.


La automatización ya ocurrió. Y la normalizamos sin darnos cuenta

Cada vez que escuchamos que “la IA va a eliminar empleos” lo imaginamos como una amenaza futura, algo que viene en la próxima década. Pero mientras lo debatimos, el cambio ya sucedió.

Esa fábrica de mezclilla no va a eliminar empleos: ya los eliminó. Los eliminó hace tiempo, de manera silenciosa, y la conversación pública apenas está alcanzando a la realidad.

Hay un sesgo que casi nadie nombra: nos preocupamos cuando la automatización amenaza empleos visibles. El silencio aparece cuando reemplaza trabajos donde hay mujeres.

Según datos de ONU Mujeres, al menos el 27.6% de los empleos femeninos podrían verse amenazados por la inteligencia artificial generativa. Las mujeres que trabajan de manera remunerada tienen casi el doble de probabilidades que los hombres de desempeñarse en puestos con alto riesgo de automatización. No es una estadística abstracta: es la descripción de lo que ya está pasando en plantas, oficinas y centros de atención en toda América Latina.


Inteligencia artificial y brecha de género: el vínculo que no se discute suficiente

La conversación sobre inteligencia artificial y empleo tiene un punto ciego enorme.

Se habla de disrupciones sectoriales, de habilidades del futuro, de upskilling y reskilling como si fueran procesos neutrales. No lo son.

Las mujeres ocupamos de manera desproporcionada los empleos más vulnerables a la automatización: líneas de ensamble, manufactura de precisión, tareas administrativas repetitivas, captura de datos, atención al cliente de primer nivel. Estos son los empleos que los sistemas de automatización e inteligencia artificial están reemplazando primero, más rápido y con menor resistencia pública.

La distancia que nadie está cerrando

Mientras esos empleos desaparecen, los nuevos roles que la inteligencia artificial está generando no están siendo ocupados por las mismas mujeres que fueron desplazadas. No porque no tengan la capacidad. Sino porque nadie está construyendo ese puente de manera intencional.

La OIT confirma que las mujeres tienen 1.5 veces más probabilidades que los hombres de trabajar en ocupaciones con alto riesgo de automatización, especialmente en labores administrativas y de servicios. Esto podría profundizar la desigualdad laboral si no se promueven políticas de equidad digital con enfoque de género.

La automatización desplazó a mujeres. La inteligencia artificial está creando oportunidades. El problema es que esas dos realidades no están conectadas, y la distancia entre ellas crece cada mes que pasa sin intervención.


El perfil que la IA no puede reemplazar (todavía)

Hay una diferencia enorme entre operar una línea automatizada y comprender cómo se programa, audita y mejora el sistema que la controla. El primer perfil es reemplazable. El segundo, por ahora, no.

La pregunta que debería estar en el centro de la conversación no es si la inteligencia artificial va a cambiar el trabajo. Eso ya está resuelto.

La pregunta real es esta: ¿las mujeres vamos a estar en los roles que la IA está creando, o vamos a seguir concentradas en los que está eliminando?

La siguiente ola no es solo automatización mecánica. Es automatización con inteligencia artificial tomando decisiones sobre esos sistemas —optimizando, ajustando, aprendiendo. Quién comprende esos sistemas y quién queda fuera de la mesa donde se diseñan determina quién tiene poder económico en los próximos veinte años.

En Eje Femenino ya hemos explorado cómo el liderazgo femenino en sectores industriales enfrenta retos estructurales que van más allá de la voluntad individual. La tecnología suma un nivel más a esos retos.


Por qué esto importa más allá del mercado laboral

Hay una dimensión de este debate que raramente aparece en los análisis económicos: las mujeres que son desplazadas por la automatización no solo pierden ingresos.

Su autonomía económica se erosiona, al igual que su poder de negociación, el acceso a seguridad social y la posibilidad de reinventarse profesionalmente sin una red de soporte que compense la transición.

El impacto no es solo individual. Es intergeneracional.

Cuando una mujer pierde su empleo en manufactura a los 42 años porque la planta automatizó su línea, y no tiene acceso a formación en las habilidades que el mercado ahora demanda, el efecto no termina en ella. Termina en sus decisiones sobre educación para sus hijos, en su capacidad de ser económicamente independiente, en cómo se construye o destruye el patrimonio familiar en los siguientes veinte años.

Un informe conjunto del BID, la OCDE y la UNESCO advierte que los sistemas de IA pueden reforzar sesgos de género preexistentes, y que sin intervención intencional de gobiernos y empresas, las mujeres quedarán rezagadas en la economía digital. La tecnología no es neutral. Cada sistema se diseña en un contexto social, y ese contexto tiene historia.


Lo que estamos construyendo en Eje Femenino

Esta no es solo una reflexión. Es el punto de partida de algo concreto.

En Eje Femenino llevamos tiempo observando esta transformación desde un lugar específico: el de las mujeres que están en la industria, que dirigen empresas, que toman decisiones de compra y de inversión, y que necesitan entender qué está pasando en términos de lo que significa para sus organizaciones y su propio posicionamiento.

Un espacio para posicionarse, no solo para informarse

Lo que viene no es solo contenido sobre inteligencia artificial. Es un espacio para que más mujeres puedan no solo entender esta transformación, sino desarrollar las herramientas digitales que potencian su desarrollo profesional dentro de ella. Con información, con conexiones, con recursos concretos.

El futuro del trabajo no es algo que viene. Es algo que ya está pasando. Y la pregunta no es si vamos a ser parte de él, sino en qué condiciones.

Es momento de decidir. Y de actuar en consecuencia.

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